Gran parte de la tecnología que se está desarrollando ahora ayudará a coordinar muchas cosas en el futuro, desde los empleados a los clientes, y todo de una manera más sencilla. Uno de los mayores beneficios de la nueva tecnología es que proporciona la capacidad de poder encontrar los recursos que se necesita de una manera más rápida.

Al igual que Uber puede encontrar viajes a las personas, o Airbnb conectar a millones de clientes con millones de estancias disponibles, también se puede encontrar la manera de que esta tecnología ayude a cambiar una estrategia de negocios. Rethinkery Labs, por ejemplo, tiene un software como Upwork y Freelancer que examina miles de perfiles freelance para encontrar a la persona correcta para un proyecto determinado, y luego se ponen en contacto con esa persona para ver si quiere participar en ese proyecto. En lugar de ser las personas las que buscan trabajo, es el trabajo el que busca a las personas que necesita.

A medida que la tecnología va creciendo también debe hacerlo la economía colaborativa, incluyendo servicios como Uber y Airbnb, así como la economía independiente. Estas nuevas formas de trabajo presentan nuevos problemas que pueden ser resueltos mediante tecnología avanzada y nuevas aplicaciones.

Un fenómeno que no para de crecer

En la era de la información y de Internet, los proyectos basados en economía colaborativa son muy abundantes, y su éxito reside en que resuelven problemas tangibles, son efectivos y a un coste menor, y están inspirados en conceptos de coworking y de compartir a través de la tecnología. La tecnología es la principal aliada de esta nueva forma de relación, ya que facilita la transparencia y la calidad del servicio.

El fenómeno crece a una gran velocidad, y lo cierto es que el modelo de economía colaborativa se impone no solo dando soluciones a problemas globales, sino también satisfaciendo necesidades en los diferentes sectores. Además, ha introducido novedades bastante disruptivas en el campo laboral.

La economía colaborativa generó en 2015 unos ingresos brutos en la Unión Europea de 28.000 millones de euros, según un informe de la Comisión Europea, mientras que las estimaciones señalan que se podría llegar a generar entre 160.000 y 572.000 millones de euros en un futuro. El informe de la Comisión Europea también estima que alrededor de 900.000 personas trabajan en esta economía.

Además, se estima que la cantidad de usuarios que utilizarán este modelo económico alcanzará los 150 millones de personas en los próximos 12 meses.

La economía colaborativa en España

Según el Foro Europeo de Economía Colaborativa, España es líder europeo de economía colaborativa, ya que el 6% de la población ofrece productos y servicios bajo este modelo, superando incluso a la media continental que apenas tiene un 5%. Y según un informe publicado en octubre por la Comisión Nacional de Mercados y la Competencia (CNMC), en España uno de cada tres internautas utiliza este tipo de plataformas al menos una vez al año.

Una de las posibles razones por las que España está a la cabeza en consumo colaborativo es a consecuencia de la crisis que ha azotado el país, y que ha fomentado la tendencia de este tipo de economía por ser plataformas con las que obtienen un precio más ventajoso y servicios más adaptados a sus necesidades.

Si bien la cultura española siempre ha sido colaborativa y abierta, España ha evolucionado en los últimos años hacia este modelo de economía. De ahí, las más de 500 empresas españolas que han nacido en los últimos años, abarcando todos los sectores: desde el inmobiliario hasta la compra-venta de artículos de segunda mano, pasando por el financiero e incluso el tecnológico.

Plataformas de compra-venta de segunda mano en España

Las empresas basadas en economía colaborativa están alcanzando unas cifras de negocio que jamás habrían pensado hace cinco años, para un mercado en el que la compra-venta de segunda mano no para de crecer. A pesar de ello, todavía existen muchos usuarios que no acaban de estar conformes con este tipo de iniciativas.

Lemonpay, la startup española que ha desarrollado una manera segura de comprar y vender por Internet, ha llevado a cabo un estudio sobre el uso de apps y webs de compra-venta de segunda mano en España. En este estudio se puede ver que el 92% de las personas encuestadas afirman ser usuarios de una o varias de estas plataformas, entre las que destaca Wallapop que es usada por un 82,8% de los encuestados.

El 21,9% de los que afirman utilizar este tipo de plataformas las utiliza casi a diario y un 20,9% lo hace cada semana. Pero uno de los datos más impactantes es acerca de las propuestas de mejora que los entrevistados sugirieron, en el que el 70% afirmó que dichas plataformas deberían incorporar una opción de pago seguro, un 46% incluiría una opción de envío a domicilio y un 15% incluiría el poder financiar los productos de mayor coste.

Según declaraciones de Ricard Forn, CEO de Lemonpay: “Estos resultados han confirmado la percepción que ya teníamos del mercado. Para no frenar su crecimiento se debe dotar a la economía colaborativa de herramientas y garantías similares a las que ya tiene el comercio electrónico tradicional”.

Otro de los puntos fuertes del estudio corresponde a los datos arrojados por ese 8% de los encuestados que no son usuarios de este tipo de plataformas. Cuando se les preguntó por qué no utilizan este tipo de plataformas, el 52,6% lo atribuye a la falta de garantía de aquello que compra, el 36,7% al hecho de tener que entregar en mano el producto y un 24,6% a la falta de seguridad.

Por su parte, el 57% de estos usuarios comentó que usarían estas plataformas si les permitiera devolver el producto en caso de que no funcionase o no fuera lo esperado, un 51,1% indica que lo haría si incorporaran un medio de pago seguro para evitar engaños y el 52,3% afirma que compraría si le llevaran el producto a casa con total seguridad y pagasen solo al recibirlo.

La economía colaborativa preocupa a ciertos sectores

Al mismo tiempo que la economía colaborativa trae cosas buenas para sus usuarios también preocupa bastante a ciertos sectores, sobre todo a los sectores tradicionales del transporte, ya que aunque la economía colaborativa llegó de la mano del movimiento de pasajeros ahora también lo está para el traslado de mercancías y paquetería.

Y esto preocupa especialmente a la Federación Nacional de Asociaciones  de Transporte de España (FENADISMER) que ha presentado un escrito al Ministerio de Fomento en el que les pide que vigilen las plataformas colaborativas fraudulentas.

Esto es que, según la FENADISMER, existen unas plataformas que alegan ser de economía colaborativa pero que en realidad encubren negocios fraudulentos, con un claro ánimo de lucro empresarial, que están al margen de la vigente legislación en materia de transporte y defraudando tanto a Hacienda como a la Seguridad Social al no declarar dichas actividades.

La Federación puso como ejemplo el caso del sitio web Blablahorse, una web dedicada al transporte de animales llevada a cabo por ciudadanos particulares, y que según la Federación publicita todas las ofertas de transporte que se dan de alta pero sin ningún tipo de control de la legislación vigente.

Bélgica grava la economía colaborativa

Ante el empuje de la economía colaborativa algunos países optan por integrarla a la economía de mercado pero con sus reglas e impuestos, es el caso de Bélgica que, tras Francia e Italia, ha decidido gravar con un 10% las transacciones que se realicen a través de plataformas como Airbnb o Uber con lo que espera recaudar 20 millones de euros, según ha informado el diario L’Echo.

Después de que en diciembre Francia obligara  a los agentes de la economía colaborativa a cotizar a la seguridad social, Bélgica acaba de establecer que los ingresos proporcionados por los usuarios a las plataformas Airbnb, Uber y otras, estarán sometidos a una retención fiscal a partir del próximo mes de marzo.

A modo de ejemplo, según el diario económico, si un usuario belga alquila mediante Airbnb un apartamento por 30 euros la noche, la plataforma solo recibirá 26 euros tras destinar el 10% de este importe al fisco belga (3 euros de impuesto equivalente y un euro de comisión). Según el diario belga L’Echo, este impuesto no dejará indiferente al sector, ya que es bastante posible que suban los precios de las plataformas de economía colaborativa para compensar el impacto fiscal.